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Trucos y consejos para viajar por la India

viajar por el norte de la india

Dicen que a la India la amas o la odias. Dicen que la pisas y es como sentir que has retrocedido varios miles de años. Y bien cierto es. La India ha sido el primer destino de nuestro viaje de “vuelta al mundo” y si algo hemos hecho es aprender a desaprender y dejar de lado la lógica occidental para intentar buscar sentido al funcionamiento de este país. Como es tan complicado, aquí algunas aventuras, consejos y trucos que esperamos que os sirvan para viajar por la India y, sino, para echaros una risas.

¿Cómo desplazarse por la India?

Nada más pisar el aeropuerto de Nueva Delhi nos sorprendió que el suelo tuviera moqueta y ver trabajadores sentados o tumbados. Si es que lo sabemos, trabajar a esas horas no es de humanos. Por cierto, en la India, todo suele abrir a partir de las 10h así que no te eches a la calle a las 8 de la mañana que puede que lo encuentres todo cerrado. Hasta las 10 no se sabe bien qué hacen. Yo creo (Nuria) que yoga o meditación para aguantar el ritmo y la locura de la ciudad.

Tras dejar las cosas en casa de nuestra anfitriona Amanda, cogimos un UBER para llegar hasta Old Delhi. Nos iba contando que conducen como locos, no hay normas y la seguridad vial es una utopía cuando de repente…ZAS, un coche se choca con nosotros. :-O Pff…ahora se darán el seguro, discutirán y tendremos para rato. Eso sería lo lógico en España, ¿no? Pero, aquí, amigos, básicamente se miran mal, puede que se digan cuatro palabras mal sonantes y arrancando que queda mucho día por delante.

Old Delhi lo resumiremos de forma concisa. No sabes realmente qué es una aglomeración hasta que pisas Old Delhi y recorres sus calles atrapado por una marabunta de indios vendiéndote algo, conductores de rickshaw que no saben qué significa FRENAR, perros callejeros y alguna que otra vaca sagrada dando coletazos para quitarse las moscas del culo. Y, ojo, nosotros fuimos un domingo, que en teoría es más tranquilito.

Pero sigamos con el tema de cómo moverse por la India. En la ciudad puedes coger rickshaw, UBER u OLA. Con el primero tendrás que regatear a muerte porque si no te toman el pelo. El precio real suele ser un 40% menos de lo que te digan. Con UBER y OLA todo funciona mediante app y el precio es cerrado. Es la mejor opción si te apetece ir un poco más tranquilo, con aire fresco y menos jaleo. Sin embargo, no estás exento de ser timado. El conductor de OLA que nos llevó al aeropuerto de Varanasi intentó que pagáramos el parking a pesar de que en la app ya nos indicaba que estaba todo incluido. Al ver que no nos pudo engañar se fue riendo ¬¬ Ah, y tampoco te asustes si van con los retrovisores cerrados. Parece una práctica habitual porque aquí la distancia de seguridad viene siendo ajustadita.

Para viajes largos el tren es muy buena opción. Es más lento que el caballo del malo en las películas pero si viajas de noche puedes ir durmiendo en litera (escoge la clase 2AC o 3AC) y te ahorras una noche de alojamiento. Nosotros de Agra a Varanasi fuimos en 3AC (vagón de 6 literas con aire acondicionado) y fue mejor de lo esperado, aunque al pobre Franc le tocó cerca un señor que roncaba más que un carlino y se tiraba más pedos que él mismo un día de calçotada.

Si para distancias largas buscas algo más confortable, siempre puedes optar por alquilar un coche privado con chófer. O ir en avión si hay conexión entre tu punto de partido y destino. Aprovechamos para dejaros el enlace a Mileage Holidays, es la agencia que nos compró los billetes de tren porque es realmente jodido hacerlo. Gente de confianza, lo gestionamos todo por WhatsApp y fue muy barato.

Dónde alojarse en la India

Guesthouse, hoteles, etc hay miles, otra cosa es si cumplen con tus expectativas de europeo.

Por poneros un ejemplo, en Agra nos alojamos en el Rhine Hostel, un lugar para mochileros que tenía una puntación de 9’3. Parecía sencillo pero pasable para una noche. Pues no. Un sitio al que se entra por una reja como si fuera un local de barrio, con escaleras sin barandilla, un lavabo dentro de la habitación, separado por media pared…y todo a medio construir. De hecho, en la sala de estar, por llamarlo de alguna manera, había más hormigas que personas alojadas. Y hormigas de las grandes eh, de esas que pueden con un grano de arroz a sus espaldas. El dueño del hostal, con más cara que espalda, suele excusar los malos comentarios en Booking diciendo que por lo que pagas en su habitación en Europa te puedes comer una hamburguesa.

El tema de los lavabos tampoco tiene desperdicio. Lo habitual en la India es encontrarte con que el WC es un agujero en el suelo y que se limpian con agua y la mano en vez de con papel higiénico. Bueno, bien, cada cual es dueño hacer lo que quisiere con sus manos. Aunque suene repugnante, realmente no ha sido de lo peor de la India. Es tan sencillo como ir al baño (llévate papel porque a veces no hay) y colocarse de cuclillas, como si estuvieras haciendo una sentadilla. Yo (Nuria) lo llevaba bastante bien, si perdía el equilibrio apoyaba la cabeza en la pared ¡y listo, Evaristo!  Franc, según el día, no sabía para qué lado debía mirar. Por eso dice que, aquí en la India, cagar en Roca se paga a precio de percebe en Ciudad Real.

Para los que os preocupa nuestra salud, comentaros que aunque aquí el Delhi Belly (lo que viene siendo cagarse patas abajo) está a la orden del día nosotros lo hemos llevado bastante bien.

Nuestro alojamiento en Jaipur, en el Madhav Guest House, solo tuvo una pega: cada vez que enciendes el ventilador parece que se va a acabar el mundo con el ruido que hace. Y así pasamos dos noches, yo encendiéndolo por miedo a morir abrasada y Franc apagándolo porque le molestaba el ruido U_U. Eso sí, son super amables y tienen una terraza TOP. Las puertas no tienen llave, tienes que cerrarlas usando tu propio candado.

El Alka Hotel de Varanasi fue nuestra opción para la ciudad sagrada. Habitaciones sencillas y baño compartido pero justo encima del Ganges, con unas vistas maravillosas de una de las Gates más conocidas. Cerca también de los crematorios y con una zona de callejuelas llenas de tiendas y sitios para comer.

Ser extranjero

Cuando paseas por la calle siendo occidental solo ven dos cosas:

  • Un euro/dólar andante
  • Un blanco.

Los que ven como una moneda de cambio se te acercarán de forma ciertamente cansina y perseverante. Solo te dejarán en paz cuando por quinta vez le digas “No, thanks”. Si en cambio ven un blanco…bueno, aquí es cuando te conviertes en algo así como un mono de feria. Te miran con esos ojos tan blancos que tienen, como si nunca hubieran visto algo igual en su vida. Curiosos. Escudriñando tu pelo, la forma de tu nariz, tu tez…

Y por si fuera poco, te encontrarás con algunos que cuchichean y sonríen como si se estuvieran diciendo “anda mira, un blanco jiji”. También está el disimulado, que saca el móvil para hacerse un selfie (aquí se considera deporte nacional) mientras busca el ángulo perfecto para que….¡bingo! salgas tú también 😉 Los más atrevidos incluso te piden hacerse una foto contigo. Y tú ahí, con cara de póker, sintiéndote celebrity aunque eres un mindundi cualquiera.

La limpieza no es su punto fuerte, acostúmbrate

Que nos íbamos a encontrar mierda y suciedad por todas partes, era algo que teníamos asumido. Lo que nos sorprendió no fue la basura sino la navaja de doble filo con que juega el gobierno.

En algunas zonas de Nueva Delhi te encontrarás con un cartel que reza algo así como “Delhi go Green and Clean” pero…¡ni en sueños! Según nos contaba Amanda, hace poco que han empezado a poner papeleras peeeero por la zona de embajadas con grandes avenidas en las que te encuentras con un indio por m2, mientras que en el resto de Delhi, mucho más masificado, apenas hay contenedores o basuras.

Más allá de lo deficiente del sistema de gestión de residuos, también falta cierta educación ambiental y de higiene y salubridad. En más de una ocasión hemos visto cómo el tabaco que mastican lo escupen al suelo, a la pared, al techo…pero no solo por la calle, también en las paredes de templos. Y en el aeropuerto de Varanasi, a pesar de poner claramente en la papelera “paper waste” la gente, incluso los propios trabajadores, tiraban dentro las botellas de plástico. Lo de las 3R, claro está, se lo pasan por el foRRRo.

En definitiva, como dice Franc, pájaros de barro es una canción que inventó Manolo García tras un viaje a la India.

Y esto es todo por hoy, tripulación. ¡Nos vemos a bordo, muy pronto, con más desventuras indias y también con la ruta que hicimos!

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