Prevenir es de sabios y, para viajar a Singapur, necesario si no quieres que te multen por realizar un acto que normal para ti pero casi inmoral para ellos

Singapur, una de las ciudades más limpias del mundo
Singapur tiene la reputación de ser una de las ciudades más limpias del mundo. ¿Será gracias a Don Limpio?

Ni una colilla en el suelo, zonas verdes a tutiplén y una limpieza impoluta que parece que Don Limpio presida esta ciudad-estado. Viajar a Singapur es, como mínimo, chocante. Pues no solo uno de los países más futuristas del mundo, también es uno de los más limpios y cuidados. En este sentido, no cabe duda que lidera el trono en comparación con sus países vecinos del Sudeste Asiático, donde la suciedad en las calles viene a ser su pan de cada día.

Sin embargo, bueno y barato no calzan en el mismo zapato. Y el cuidado y la limpieza de Singapur tienen en una ley conservadora y estricta su mejor aliado. Ninguna de estas virtudes serían posibles en Singapur de no ser por una serie de prohibiciones que más te vale conocer. De incumplir con algunos de sus mandamientos, la multa puede salir cara y volver de las vacaciones con el bolsillo pelado y no por haberte alojado en Marina Bay Sands.

En Singapur está prohibido…

El chicle. No puedes mascar chicle, aunque realmente si quisieras no los tendrías nunca a tu alcance. La venta de chicles es una de las prohibiciones más absurdas del país. No se puede ni comprar ni importar. Ojo que no se te cuele alguno en la maleta.

Arrojar basura en las calles. No puedes tirar en la vía pública absolutamente nada: papeles, comida o colillas. Y mejor que ni se te ocurra pensarlo pues te puede caer una multa de 1.000 euros.

Fumar en locales públicos cerrados. Tampoco puedes hacerlo en zonas al aire libre como paradas de autobús. Y si piensas que el cigarrillo electrónico puede ser tu salvación… ¡error! Singapur también ha prohibido su posesión, importación y venta. La multa podría ser de hasta 2.000 euros y el argumento del Gobierno es que crean adicción aunque la mayoría de gente lo use precisamente para dejar de fumar cigarrillos convencionales.

Comer y beber en el metro. Ni siquiera agua. No te arriesgues porque si te pillan tendrás que pagar más de 300 euros.

No llevar durián en el transporte público. Esta fruta típica del Sudeste asiático se ha ganado la fama de ser la más apestosa del mundo. Huele tan mal que las reglas no permiten llevarlo en el transporte público y es de agradecer porque su olor es muy muy muy desagradable.

Escupir en la calle. Hazlo y pagarás 1.000 dólares de multa.

Alimentar a las palomas puede que sea una rutina entre algunas abuelas de tu barrio pero en Singapur lo prohibieron en 1973 para evitar la propagación de enfermedades.

Cruzar la calle por donde no debes puede costarte unos 80 euros en España y hasta 1.000 dólares en Singapur, depende de lo grave de la infracción, si cerca había un paso de peatones o si eres extranjero o residente. De hecho, los ciudadanos de Singapur podrían incluso ser castigados con 6 meses de cárcel.

Quizás haya quien considere algo excesivas todas estas prohibiciones. Sin embargo, gracias a ellas se consigue una actitud muy cívica (ni que sea por miedo a rascarte el bolsillo) que permite viajar a Singapur con la tranquilidad de que cualquier centímetro cuadrado de la calle probablemente estará más limpio que tu casa. Se trata entonces de medidas que ayudan a mantener limpia y cuidada la ciudad, además de conservarla. Y es que en Singapur la limpieza es la madre superiora.

Sin embargo, las prohibiciones de la ciudad-estado van más allá con algunos mandamientos que atentan directamente contra la libertad de los individuos. Por ejemplo, la homosexualidad está penada con dos años de prisión en Singapur. Aunque, ¡atentos!, la ley solo hace mención a hombres que sean gay. No sabemos si el riesgo de cárcel también está para las mujeres lesbianas.

Por lo tanto, si eres homosexual y quieres viajar a Singapur, ten en cuenta que tu libertad sexual se verá minada y no podrás expresarte libremente. En realidad, La libertad de dar un beso, un abrazo, o una caricia en público afecta a todos por igual. De hecho, abrazarse en público también está mal visto en Singapur y podría ser castigado con un año de cárcel.

En definitiva, en Singapur son muy estrictos con sus leyes, para bien y para mal. Y eso les ha llevado a ganarse el oro en la categoría de ciudades más limpias y verdes del mundo. Por eso, si decides viajar a Singapur, aunque no compartas esta visión tan reglamentaria, es importante respetar las costumbres y leyes de un país que no es el tuyo. Especialmente en este rincón del Sudeste asiático, donde saltarse alguno de sus mandamientos podría costarte más que el propio viaje.

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