¿Recuerdas aquel sillón tan incómodo de la casa de tu abuela? ¿Y el quiosco del final de la calle donde comprabas helados en verano? Cuando mi padre entra en casa lo sé por la forma que tiene de abrir la puerta, suena diferente. Hay casas y calles que tienen algo especial. Henrietta Street en Dublín es una calle como ninguna otra en la ciudad. Y la casa ubicada en el 14 Henrietta Street es uno de los lugares que ver en Dublín.

De la aristocracia irlandesa al peor lumpen de Europa

La calle Henrietta

No está en el centro, ni tiene bares modernos o un ambiente rompedor, pero, con sus puertas de colores, es la calle más histórica y famosa de Dublín después de O’Connell Street.

14 Henrietta Street
La calle Henrietta

La calle Henrietta comenzó a construirse allá por 1720 y desde entonces está considerada como el primer y mejor ejemplo de calle de estilo georgiano en la capital de Irlanda. Estamos sin duda ante uno de los lugares que ver en Dublín. Durante sus primeros años de vida, albergó a la flor y nata de Irlanda: toda clase de políticos y aristócratas vivían en esta avenida de calles anchas y puertas de colores. Por cierto, en el museo está en exhibición la cama de Bartholomew Mosse, el cirujano que fundó el primer hospital de maternidad de Dublín (y de Europa).

Cama de Bartholomew Mosse, el cirujano que fundó el primer hospital de maternidad de Dublín

En la actualidad, en esta calle se encuentra 14 Henrietta Street, el Museo más nuevo de Dublín – abrió sus puertas en septiembre de 2018. Un lugar que pasó de lo más alto a lo más bajo del escalafón social en apenas 300 años.  

Museos en Dublín: 14 Henrietta Street

Hogar de la aristocracia en Dublín

Un suelo de piedra y madera desnivelado, un ambiente húmedo y frío, paredes desconchadas que han perdido el Reckitt’s Blue y Raddle red, los colores de pintura de la típica vivienda dublinesa, por el paso del tiempo. El panorama nada más entrar en el edificio del 14 Henrietta Street es bastante desolador… hasta que cada uno de sus rincones empiezan a cobrar vida mientras te hacen retroceder hasta el siglo XVIII.

Una pared en el Museo 14 Henrietta Street de Dublin
Las paredes de las casas en Dublín solían pintarse en Reckitt’s Blue y Raddle red

La primera parada durante la visitada guiada por este museo de Dublín sienta los pilares de la historia del edificio y de la calle. Allá por 1740, el político y terrateniente Luke Gardiner construyó los primeros números de esta calle.

Diseñado como un enclave para las clases más altas de Dublín, sus habitantes (principalmente burgueses, políticos y parlamentarios) convertían esta vía en una de las más prestigiosas de la ciudad. Con el paso de los años, la calle Henrietta fue perdiendo ese halo de clase alta. Especialmente a partir de 1800, cuando Irlanda y Reino Unido firmaron el Acta de la Unión y el reino de Irlanda se convirtió en territorio británico.

Con esta nueva situación política, todos los miembros del Gobierno y del Parlamento que trasladaron su hogar a Londres y la ciudad entró en un periodo de declive económico.

El principio del fin en Henrietta Street

Durante el siglo XIX, en esta vía vivieron abogados y jueces, incluso el edificio número 14 sirvió como vivienda para las Milicias Militares de Dublín hasta 1876.

Allá por 1877 el edificio volvió a dar un giro al ser comprado por Thomas Vance. El propietario, un visionario hombre de negocios, se anticipó al futuro de la vivienda en Dublín, y seguramente de Europa, cuando decidió arrancar un tramo de escalera del edificio y dividir la propiedad en 19 viviendas.

Con habitáculos más pequeños ya construidos, puso un anuncio en el Irish Times para atraer a nuevos inquilinos. Y lo consiguió, aunque tal vez demasiados. Y es que en 1911 vivían en este antiguo edificio georgiano unas 100 personas. Mientras que otras 850 vivían en Henrietta Street.

El prestigio y glamour de 1800 había quedado enterrado, convirtiéndose esta calle georgiana en una de las zonas más pobres de toda la capital irlandesa. De hecho, muchos niños no vivían más de 5 años debido a las pésimas condiciones de higiene, alimentación y salubridad.

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Vivir en la pobreza

Esta casa palaciega está construida en cinco pisos y es una de las cosas que ver en Dublín sí o sí. Aunque fue majestuosa en sus inicios y humilde en su historia más reciente, durante toda su vida nunca tuvo agua corriente. Para ir al baño, los inquilinos tenían que ir al descansillo o al sótano de la parte trasera de la casa. Por lo que era habitual encontrarse ratas por este edificio, con unas condiciones de higiene y salubridad pésimas y donde las plagas y las enfermedades estaban a la orden del día.

Tampoco había electricidad ni luz. Además, la puerta principal del edificio siempre permanecía abierta, por lo que durante la noche los pasillos del edificio se convertían en dormitorio improvisado para todo aquel que lo necesitara. Con este telón de fondo, no es de extrañar que durante la noche fría y oscura, las familias de clase trabajadora que vivían en el edificio no salieran de sus viviendas. Así lo contó a nuestro guía una mujer que vivió en el edificio cuando era una niña y que recientemente visitó el Museo.

Una niña que probablemente muchas noches durmió bajo un aire frío y húmedo, arropada tan solo por un abrigo, que era la única forma de edredón que tenían las familias pobres que no podían permitirse sábanas.

Pobreza en 14 Henrietta Street
En Henrietta Street vivieron las familias más pobres de Dublín

La última sala de la visita guiada por este museo de Dublín es la más cálida de todo el edificio. No porque entre luz o haya calefacción, sino por revelarnos una réplica de la vida familiar. Libros, platos, mermelada, una cuna… e incluso una televisión hacen que este rincón pueda parecer un verdadero hogar en el mismísimo infierno que durante algunos años fue el edificio. Por cierto, los objetos y muebles (todos ellos históricos) han sido obtenidos por especialistas o donados por miembros de la familia y amigos que vivió en esa casa desde 1940 hasta 1970.

Un proyecto ambicioso

Las últimas familias que vivían en el 14 Henrietta Street se marcharon en 1979. Desaparecieron también las risas de los niños, el crujir de las escaleras, el trasiego de trabajadores a primera y última hora de la mañana…en definitiva, se fue la vida.

20 años permaneció el edificio en un silencio tenebroso que le llevó a la decadencia y la podredumbre hasta que en el año 2000 el ayuntamiento de Dublín decidió adquirir la casa. Surgió la idea de restaurar el edificio para crear un Museo que diera a conocer la vida y la vivienda de tantas y tan dispares personas pasaron por este inmueble en los últimos 300 años.   

Una década se ha necesitado para estudiar, rehabilitar, adaptar, conservar y recrear la historia de este hermoso edificio en el número 14 de Henrietta Street. Y aunque ya nunca volverán las risas, los susurros, o el olor a pan recién hecho, la casa ha vuelto a la vida, trayendo al presente historias pasadas que nunca debieron olvidarse.

Información para visitar la casa museo 14 Henrietta Street

Aunque el Museo 14 Henrietta Street carece de la interacción y la alta tecnología que encontramos en el EPIC: el Museo de la Inmigración Irlandesa, esta pinacoteca de la vivienda irlandesa es de visita obligada para cualquiera que desee visitar Dublín. La emoción, sensibilidad y autenticidad que transmite esta casa permite conocer la historia de la capital irlandesa y cómo el cambio social contribuyó a la decadencia no solo de un edificio, sino de la vida de centenares de personas. 

Para ver cómo era la casa de los irlandeses durante la época georgiana, puedes visitar el número de 14 Henrietta Street. Este museo de Dublín abre de miércoles a domingo de 10 a 16h (los domingos abre a las 12h). Realizarás una visita guiada de unos 75 minutos donde te llevarán por las diferentes estancias y gracias a las explicaciones del guía y los vídeos, descubrirás la oscuridad que cubrió durante largo tiempo las casas de Henrietta Street.

Puedes comprar la entrada al 14 Henrietta Street (9€) por Internet, a través de este enlace.

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