Cuando era niña decía que a los 27 quería estar casada y con hijos. Luego crecí. Con 30 ya en la espalda, el instinto maternal lo experimento con mis plantas y horneando pan o bizcochos. En lo que a flora se refiere, el libro familiar acumula un sinfín de decesos; con los segundos, tras zampármelos sin miramiento, alguien bien podría haberme confundido con una embarazada. 

Esta cuarentena las emociones son una montaña rusa, cogiendo curvas a gran velocidad, subiendo y bajando como si no hubiera mañana. Entre tanto mareo emocional, he vivido, relativamente de cerca, el nacimiento de dos bebés de madres primerizas y otro que está por llegar. E incluso en la distancia ha sido emocionante ver la ternura y el amor con el que hablan de sus primogénitos. Por eso cuando pienso en la triste historia del bonito elefante de Edimburgo, recuerdo a todas esas familias que perdieron a sus hijos y no tienen una tumba que visitar. 

Un elefante «de peluche»

En mayo de 2019 pasamos un par de semanas haciendo pet sitting en Edimburgo. Paseando por los jardines Princess Street nos topamos con la figura gigante de un elefante que recuerda a los peluches para bebés.  Me encandiló. Sacó mi lado más infantil. No pude remediarlo y el elefante y yo nos hicimos unas cuantas fotos. En todas salgo sonriendo. 

Hasta que leí la placa y la sonrisa se me borró de un plumazo:

“En memoria de nuestros preciosos bebés, que se han marchado pero nunca olvidaremos”. 

Tras la belleza inocente de esta escultura con forma de elefante de peluche se esconde una historia triste. Muy triste,  además de dolorosa para centenares de familias de Edimburgo. 

El elefante, que pesa dos toneladas y media, recuerda a los al menos 250 bebés que, tras nacer muertos o morir a los pocos días, fueron incinerados y cuyas cenizas no se devolvieron a sus padres.

Mortonhall: el cementerio que ocultó las cenizas de bebés durante décadas

Durante más de 40 años, un crematorio de la ciudad enterró en secreto las cenizas de los bebés fallecidos en una tumba sin marcas en el cementerio de Mortonhall. A los padres se les decía que, tras la incineración, no quedarían cenizas que dispersar o enterrar. 

En 2015, el Ayuntamiento de Edimburgo construyó un jardín conmemorativo en dicho cementerio para los padres afectados por este escándalo. Sin embargo, algunas familias se han negado a volver a pisar los terrenos del crematorio y por eso desde hace un año se puede encontrar este elefante en los Jardines de Princess Street como memorial para todos esos bebés y las familias afectadas.

¿Por qué un elefante?

La figura de este elefante de bronce de ocho toneladas fue creada por el arquitecto Andy Scott, conocido por ser el artífice de la escultura gigante de los Kelpies.

El elefante de Scott es muy simbólico. Tal y como él mismo explicó a los medios, es un guiño al adagio “los elefantes nunca olvidan”. Al mismo tiempo, el relieve de toda la figura está grabado con flores nomeolvides

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