Esta Navidad, además de polvorones, uvas y villancicos, ha llegado con una importante novedad entre los contenidos de Netflix España. Coincidiendo con estas fechas, que se prestan a más de una tarde de sofá y tele, Netflix estrenaba el 25 de diciembre la segunda temporada de Las Chicas del Cable.

En total 8 episodios, igual que en la primera temporada, de la que os hablé aquí, donde Alba, Marga, Ángeles y Carlota tendrán que estar más juntas que nunca para no revelar un oscuro secreto. Y es que estas cinco amigas empezaban el 1 de enero de 1929 tirando un cuerpo al río.

Líos amorosos y laborales por encima de todo

La primera temporada de Las Chicas del Cable no me gustó. Siendo una producción original de Netflix me esperaba mucho más. Sin embargo, hay un gafe dentro de mí que despierta el gusanillo de saber cómo acaba esta serie. Así que entre los días 26 y 27 de diciembre me rendí a un maratón de la segunda temporada de Las Chicas del Cable -si algo tiene Netflix es un marketing muy efectivo-.

Aunque con tintes de thriller, la serie producida por Bambú sigue centrándose en los líos amorosos y laborales de estas cuatro amigas trabajadoras de la primera compañía telefónica de España.

Ya no estamos ante cuatro jovencitas que solo quieren trabajar y encontrar el amor verdadero. En la segunda temporada de Las Chicas del Cable nos encontramos a cuatro mujeres que, con Alba como cabecilla, desarrollan su parte más oscura, aprendiendo a mentir y ocultar un cadáver. Cuatro mujeres que están dispuestas a todo para luchar por su futuro y cumplir sus sueños.

 

Una trama plana y rápida

Entre las novedades nos encontramos con la incorporación de Ernesto Alterio, el nuevo gestor de la compañía telefónica en la que trabajan Blanca Suárez, Nadia de Santiago, Ana Ferándenz y Maggie Civantos.

Por otra parte, aunque la serie contará con una tercera temporada, mi sensación con esta segunda temporada de Las Chicas del Cable es que la trama evoluciona muy rápido. La narración va directo al grano, incluso hay escenas que se podrían desarrollar con más precisión y detalle pero, sin embargo, se presentan y cierran en tan solo uno o dos capítulos, especialmente en el caso de Sara que vive un episodio especialmente traumático en esta temporada.

Las tramas, además de poco desarrolladas y rápidas, también son muy previsibles. A excepción de la escena en la que tiran un cadáver al río…el resto de la temporada es bastante fácil de predecir. En cada nuevo suceso es fácil saber cómo actuará cada una de las chicas. Por lo tanto, estamos ante personajes planos y una serie en la que no hay sorpresa ni expectación.

En la segunda temporada de Las Chicas del Cable se mantiene la elegancia y estilo de los años 20, un punto fuerte especialmente para los amantes de la moda. Sin embargo, hay algo que no me cuadra. ¿En 1929 había calefacción en oficinas y hogares? Las chicas se pasan el día con modelitos de tirantes y manga corta…¿no pasan frío?

A mí, la segunda temporada de Las Chicas del Cable me ha dejado fría, exactamente igual que la primera. Sin embargo, en Netflix siguen siendo los mejores en marketing porque a pesar del bajo nivel de la serie, consiguen que me siente a verla, ni que sea en Navidad, para resguardarme del frío y evitar una tarde de cuñados hablando de política.

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