¡Hola trupe!

Hoy lleva todo el día lloviendo en Barcelona y me he acordado de cuando fui a Manchester por un día y no paró de llover. Aquí parece que, cuando llueve, se paraliza el mundo. La mayoría de gente no sale a la calle porque prefiere quedarse en casa. Sin embargo, aquel día en Manchester, la gente paseaba y la lluvia le resbalaba, nunca mejor dicho.

Pensando en lo fastidioso que nos resulta a muchos que nos toque lluvia en un viaje…me he acordado de nuestro viaje a Nueva York en agosto de 2016. Hizo un tiempo maravilloso pero el final de viaje fue lo peor que nos pudo pasar. Y se me ha ocurrido contároslo como anécdota. La verdad es que hoy en día me río cuando lo recuerdo pero en aquel momento pasé mucho, pero que mucho, miedo.

¿Cómo acabó nuestro viaje a NY?

Todo sucedió el 15 de agosto de 2016, después de una semana de viaje por la ciudad que nunca duerme, donde pudimos disfrutar del arte urbano neoyorquino, como os conté aquí, y de otras muchas cosas.

Cogimos un servicio de transporte compartido hasta el aeropuerto. Nos vino a buscar al hostal, llegamos al JFK, pasamos los controles de seguridad, etc. Hasta aquí todo normal. La puerta de embarque estaba al final de la terminal por lo que más allá de donde estábamos nosotros, no había nada. Solo pared.

El vuelo llevaba una media hora de retraso pero estábamos tranquilos, leyendo, hablando…De repente, empezó a sonar una alarma muy molesta, pero nadie le dio importancia. Siguió así 2 o 3 minutos hasta que, de pronto, se empezaron a escuchar gritos y una avalancha de gente corriendo se dirigía hacia nosotros.

No fueron más de 30 segundos pero recuerdo coger las cosas, echar a correr hacia la puerta de embarque, subirnos en las sillas y saltar por encima de un biombo que cayó al suelo. La gente gritaba y corría hacia una puerta que nos llevaba a las pistas y durante unos segundos me desesperé porque no vi a mi novio. Había caído debajo del biombo pero le encontré y echamos a correr con el resto.

Una vez en las pistas, nos tranquilizamos a pesar de que no sabíamos qué pasaba ni nadie vino a informarnos hasta pasado 10 o 15 minutos. Estábamos asustados y angustiados. En ese momento se decía de todo: un ataque terrorista, tiroteos…Yo solo recuerdo que cuando eché a correr pensé en meterme debajo de las sillas pero lo descarté porque un balazo traspasaría la silla y, al mismo tiempo cruzó por mi mente la idea de cuán gafe era si resultaba que en primer viaje a Nueva York vivía un atentado terrorista en el aeropuerto. ¡No me lo podía creer!

Al final, nos llevaron a una sala donde se produjo una nueva avalancha. La gente estaba muy nerviosa pero consiguió calmarse definitivamente.

¿Qué paso en el aeropuerto de NY?

Una de las cosas que más nos molestó de todo el incidente es que nadie nos informó de qué había sucedido. Así que a día de hoy no sabemos que pasó.

Después de hablar con otros pasajeros que estaban en el aeropuerto y cogían el mismo vuelo, el rumor era que en televisión estaban dando una carrera de atletismo de los Juegos Olímpicos y alguien confundió el tiro del pistoletazo de salida de la carrera con un tiro real y habría echado a correr, provocando una situación de pánico en toda la terminal. Sin embargo, en los televisores del aeropuerto no se suele escuchar el audio y en las noticias leímos que había afectado a diferentes terminales…cosa que no tiene mucho sentido.

¿Qué paso con nuestro vuelo?

Salió al día siguiente. Nos pasamos la noche durmiendo en el aeropuerto. Por suerte, encontramos nuestras maletas justo donde las habíamos dejado caer al echar a correr. Tuvimos suerte, hubo gente que no las encontró o que incluso había perdido zapatillas, móviles, ordenadores…

Después de toda la noche esperando, al fin pudimos coger un vuelo rumbo a Barcelona, aunque tuvimos que pasar por otro retraso de 2 horas y 2 escalas (Estocolmo y Oslo). Lo bueno fue que en la escala en Estocolmo nos facilitaron una habitación de hotel y pudimos dormir toda la mañana, ducharnos y comer.

Al final, después de más de 15 horas desde que llegamos al aeropuerto JFK para despedirnos de nuestro viaje a NY, llegamos a Barcelona. Eso sí…todavía nos quedaba una bonita sorpresa: las maletas se habían quedado en Oslo.

El desastroso final de nuestro viaje a NY es a día de hoy una anécdota que incluso recuerdo con cariño. Lo bueno de la experiencia fue darme cuenta de que una situación de tanto estrés la llevé mejor de lo que nunca hubiera pensado y no me dejé llevar por el miedo o el pánico. Eso sí, espero no verme en otra igual…¡NUNCA!

Os dejo las noticias sobre la falsa alarma en el aeropuerto de NY que publicaron El Periódico y El Mundo por si queréis leerla

¡Nos vemos a bordo!

N. 

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